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viernes, 26 de febrero de 2016

El placer de enseñar


“En la unión está la fuerza” dijo Simon Bolivar, expresando la importancia del trabajo colaborativo para llevar a cabo las metas que nos proponemos. Traigo a colación esta frase, porque representa el tema del cual quiero hablarles en esta ocasión, además evidencia la importancia de esta forma de trabajo como una de las estrategias a promover para afrontar los grandes rezagos educativos que enfrentan los países, revelados ante nosotros más allá de las estadísticas gubernamentales.

Alguna vez, luego de ver las estadísticas de analfabetismo, te has preguntado ¿Cómo puedo yo, un ciudadano común, ayudar a esas personas? Tal vez no lo hayas hecho, porque te sientes tan ajeno del problema como de la solución.

En su momento me hice esa pregunta de manera reiterativa, quedó en el tintero hasta muchos años después, cuando al sentir el aire de una nueva ciudad le he encontrado respuesta, en un momento de mi vida en el cual creí que una de las cosas que más disfruto, como es enseñar, entraría en pausa.

Hoy les quiero hablar de una maravillosa experiencia de vida que me ha regalado Plaza Comunitaria Dallas Norte (Texas - Estados Unidos), la cual funciona como muchas de las plazas comunitarias que se encuentran en diferentes países de las Américas, y que bajo la dirección de una incansable mujer de grandes propósitos, que lidera a un equipo de soñadores (docentes y estudiantes), se ha convertido en una fábrica de sueños para personas, a quienes las circunstancias en su momento les negaron la posibilidad de adelantar o finalizar sus estudios de educación básica.

Esta fábrica de sueño, cuyo lema es “Construyendo el cimiento para toda la vida” tiene como público a toda persona de origen hispano, que no sabe leer ni escribir, o que no ha finalizado sus estudios de primaria, secundaria o GED, a las cuales ofrece, en la medida de sus posibilidades, horarios flexibles y materiales de trabajo, para que inicien o continúen su proyecto de escolaridad de la mano de un instructor voluntario, y puedan así mejorar su calidad de vida.



No hace falta ser profesor para enseñar a leer y escribir, matemáticas o ciencias, lo único que hace falta es tener conocimientos al respecto y la voluntad desinteresada de hacerlo, lo demás viene por añadidura. Es así, como se han constituido las diferentes organizaciones de voluntariado, que en estos momentos lideran procesos como el que se adelanta en Plaza Comunitaria Dallas Norte.

De acuerdo con las estadísticas de SITEAL (Sistema de información de tendencias educativas en América Latina) “la alfabetización es uno de los requisitos indispensables para la defensa, desarrollo de habilidades y materialización de derechos implicados en el ejercicio de una ciudadanía plena.” Pero de 40 millones de personas adultas encuestadas “ el 8% de las personas de 15 años o más se declaran incapaces de leer y escribir un recado.” 

La Unesco como entidad líder en la erradicación de la pobreza y el analfabetismo, establece entre las estrategias a seguir, que es “fundamental profesionalizar a los alfabetizadores, remunerándolos y formándolos adecuadamente.”, como uno de las responsabilidades que deben atender los sistemas educativos y los gobiernos, respectivamente. Pero es justamente ese factor de “remuneración” el que tiene en decadencia al sistema, ya que, tanto docentes como otros profesionales, esperan que su trabajo esté recompensado por dinero o reconocimiento y no por la satisfacción propia de dar un poco de sí a los demás y la gratitud de los estudiantes, que se regocijan en lo que aprenden cada día.


Las cosas funcionan bien cuando se da un trabajo colaborativo entre el estado, que interviene con en el desarrollo de materiales educativos y orientaciones didácticas, y manos voluntarias, que están prestas a trabajar y orientar el proceso de formación, que considero es el factor de éxito de las plazas comunitarias; las cuales son creadas y dirigidas por el INEA (Instituto Nacional para la Educación de los Adultos), de México, y apoyado por los grandes corazones de los directores, quienes mueven masas para reducir el rezago educativo entre las personas de habla hispana. 

Esta es una actividad inspiradora y digna de ser replicada en cada rincón del mundo, como una forma de actuar en comunidad y de atender a problemas sociales, a los que les falta más ganas que recursos, más corazón que materiales y que permiten descubrir, a través de la sonrisa de agradecimiento de cada estudiantes, el verdadero placer de enseñar, y deja ver en el voluntariado una actitud genuina de solidaridad que tenemos todos los seres humanos como parte de nuestro legado ancestral.

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