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lunes, 29 de febrero de 2016

Vida en pareja: un jardín de rosas





Defino la vida en pareja como un jardín de rosas, porque si bien está lleno de momentos inolvidables, también están presentes las espinas, las cuales debemos aceptar intentando sobrellevarlas de la mejor forma; como lo dice Ricardo Arjona en su canción Fuiste tú: “las nubes negras también hacen parte del paisaje”.

He querido hablar de la vida en pareja porque, al hacer parte de este grupo, veo con preocupación el ascenso dramático que se viene presentando, en los últimos años, en las estadísticas de separaciones de pareja. De acuerdo con estudios realizados, entre el 40% y 45% de las parejas que se casan consideran el divorcio o anulación, presentándose con mayor regularidad en matrimonios entre jóvenes menores de 25 años.

Casarme era un gran temor para mi, porque pensaba que debería renunciar a un sin fin de cosas, de las que no estaba segura querer desprenderme y veía el estar casada como un trabajo muy difícil. Por otro lado, tenía la idea errada de encontrar a mi alma gemela, la cual, sería la única razón para renunciar a la plácida soltería. Por suerte esas ideas se fueron, cambiando por la de “casarme para toda la vida”, teniendo claro que para eso se requiere, además de mucho amor, hacer de la vida en pareja una que valga la pena vivir.

Creo además, que para tener un buen matrimonio se requiere trabajo mutuo y aprender de las experiencias de los demás, así como de los errores propios, sin tener miedo a buscar ayuda si es necesario. Comparto con ustedes unos aspectos que considero clave en el matrimonio, basada en mi propia experiencia.

Entender la diferencias.
Lo primero que se debe tener claro es que nos casamos con una persona que es diferente a nosotros en tanto que: piensa diferente, tiene costumbres diferentes y lo más importante tiene criterio propio. No podemos llegar con la arrogante actitud de querer que las cosas se hagan a nuestro modo, o con la equivocada idea de que amar significa renunciar a lo que somos, de manera que, la capacidad de negociación, la tolerancia y el respeto tienen que estar presente en todo momento.

Crear hábitos saludables.
Al principio cuesta adaptarse, pero si se es totalmente consciente de que ahora son dos en el mismo espacio, tratando de formar una familia, será de gran importancia ir creando de forma conjunta hábitos saludables que ayuden llevar una vida feliz, algunos de ellos pueden ser: Ir siempre juntos a la cama, decir buenas noches uno al otro a pesar de los problemas, crear reglas en casa que apliquen igualmente para los dos y respetarlas, compartir las responsabilidades de la casa, etc.


Reconocer las buenas acciones.
Hemos crecidos con la cultura de dejar que los errores borren las buenas acciones que hace una persona. El amor y la vida en pareja deben estar llenos de resaltar las buenas cosas que hace el otro, valorando el esfuerzo, la dedicación y el cariño que le pone a las cosas. Cuando das las gracias por la cena que te ha preparado, tienes en cuenta que se acuerde primero que tú del aniversario, te dejas atender cuando estás enfermo/a, le agradeces que se preocupe por tí; estás permitiendo que esos pequeños detalles, que ocurren más común de lo que creemos, llenen los días juntos de buenas razones para seguir estándolo.

La comunicación y el lenguaje de las caricias.
Indudablemente el amor tiene que cultivarse, especialmente cuando se vive en pareja. Será necesario que establezcas con tu pareja una comunicación cordial y respetuosa, en la que escuches a tu pareja y reconozcas como se siente frente a un situación en particular. De igual forma, es necesario que se fomente una comunicación romántica con mensajes o llamadas en el día para comentar alguna cosas o simplemente para preguntar como va el día. 

Por otro lado, es necesario cultivar el lenguaje de las caricias, cuando se encuentran a solas, con los abrazos al despedirse o al re-encontrarse, al caminar juntos de la mano; dejando saber a nuestra pareja que la hemos extrañamos y que sentirle cerca nos hace feliz.


Saber perdonar y tener paciencia.
Cuando surjan problemas o desacuerdos por diferentes razones, es importante no desgastarse en discusiones que lleven a incrementar el problema, será mejor dejar que las aguas se calmen y hablar con más tranquilidad, dejar claro el punto de vista propio, pero considerar el bien común como la mejor solución. Veras como terminan discutiendo sobre la solución y no sobre el problema.

Nuestra pareja hará muchas cosas que no nos gustaran, nos sacará de quicios y no faltarán razones para querer mandarlo/a a la luna, pero cuando sientas que explotas piensa que tu también puedes estar haciendo lo mismo en algún momento; además, por más que grites o exijas las cosas no sucederán como tu desees, y llenarte de paciencia, mucha paciencia será de mayor beneficio para tu salud y para la salud de la relación.



Ayuda y respeto mutuo.
Respetarse entre sí como personas, así como el trabajo de cada uno, ayuda a tener una convivencia más sana, de igual forma, ayudarse mutuamente, en la medida de las posibilidades, evita que haya competencia y permite tener una dimensión más clara de la importancia tanto del trabajo que hace nuestra pareja como de la vida juntos, agregando así significado el matrimonio. Esto aplica tanto para las responsabilidades dentro como fuera de casa. 


Enseñar con el ejemplo.
Es inevitable que al convivir con tu pareja termine uno aprendiendo cosas del otro, hace parte de las negociaciones que se dan en la convivencia, donde palabras y hábitos de uno terminan siendo con el tiempo de los dos, lo cual puede ser una buena oportunidad para enseñar a tu pareja, a través de tu ejemplo, a tomar algunas costumbres saludables que ayuden en la convivencia.



Busca tu luz.
Es necesario que no estés a la sombra del otro, es decir, que no permitas quedarte a vivir para tu pareja, esperando su aprobación  o agrado. Esto aplica especialmente si eres mujer ama de casa y te quedas todo el día en el hogar haciendo un trabajo que al final del día cuando tu esposo llega no se ve. Es importante que sepas que ser pareja no significa ser dependiente, de manera que, además de las responsabilidades en casa tú puedes hacer actividades por fuera que te de n satisfacción y te permitan vivir tu propia vida.


Encontrar puntos comunes.
Ya que cada uno es diferente, serán así las cosas que les guste hacer. Es así como no puedes esperar arrastrar a tu pareja a hacer las cosas que tu prefieres o viceversa. Pero si pueden encontrar puntos comunes que les permitan disfrutar momentos juntos respetando sus diferencias. De manera que, si tu pareja adora dormir y tu no, puedes acompañarle a hacer una siesta mientras miras una revista. o si disfruta ver televisión y tu no, puedes estar cerca leyendo un libro o revisando tus mensajes de correo.


Por otro lado, es necesario que identifiques aquellas cosas que pueden hacer bien juntos y fomentarlas, de tal forma que se puedan sentir más unidos y encuentren más razones para compartir.


Cuando se está casado la responsabilidad de ser felices es de los dos, cuando se actúa de forma conjunta para que ocurran buenas cosas y se tiene presente la felicidad de la pareja, como parte de nuestra felicidad, las cosas fluyen más fácil, no pretendiendo hacer que tu pareja cambie sino, intentando que tanto las diferencias como los puntos comunes aporten a generar una convivencia saludable.

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