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martes, 23 de agosto de 2016

Las apariencias: un veneno para el cuerpo

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Todos nos hemos encontrado en más de una ocasión sonriendo cuando queremos gritar, aguantando a esa persona que nos cae mal o cediendo, más allá de nuestro gusto, frente a una situación; todo ello para guardar las apariencias y ser complaciente, por uno u otro motivo. Pero  te has preguntado alguna vez ¿vale realmente la pena aparentar una opinión o actitud para quedar bien o hacer feliz a otra persona?


La Dra. Chaterine Carter, reconocida autora de varios libros, también se hizo la pregunta anterior y responde a ella con un NO. Ser complaciente o aparentar unos sentimientos, que no se sienten, no tiene ningún beneficio para la persona que lo hace, en tanto que de ninguna forma esto contribuye a su felicidad o por lo menos tranquilidad, aunque al momento piense que vale la pena y hasta pueda hacer feliz a la otra persona. 
Complacer se trata de renunciar a nuestro parecer sobre un tema o situación y atender a los gustos de la otra persona, se trata de un acto de mentira "piadosa", que nada bien le hacen a nuestra salud física y mental.

De acuerdo con lo expuesto por la Dra Carter, las consecuencias de ser una persona complaciente pueden ir desde el aumento del estrés, aumento de la tensión y disminución de la fuerza de voluntad hasta el deterioro de las relaciones con las otras personas, aunque parezca lo contrario al ponerse la máscara de cara feliz y de complacencia. A continuación las explicaciones a las anteriores consecuencias mencionadas.




1. No estás engañando a nadie más que a tí

Supongamos que sientes mucha rabia por algo que ha sucedido con tu compañero de trabajo pero prefieres ocultarle tus verdaderos sentimientos, así que intentas hablar como si nada pasara entre los dos. Bueno, debes saber que los seres humanos no somos muy buenos para ocultar cómo nos sentimos, de manera que, por muy amable que te muestres hay microexpresiones de las que no somos conscientes, pero que nuestras neuronas espejo están disparando dado estos sentimientos negativos, haciendo que cuando hables con ese compañero los niveles de estrés aumentan de las dos partes, más que si le confesaras tus verdaderos sentimientos.

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2. El autocontrol disminuye con el tiempo

Investigaciones científica como la llevada a cabo por el William Hedgcock, de la Universidad de Iowa, y Kathleen Vohs y Akshay Rao, de la Universidad de Minnesota, ambas de los Estados Unidos; han demostrado que nuestra capacidad para ejercer autocontrol va disminuyendo por cada vez que debemos hacerlo, como quien dice: "perdemos el control sobre el mismo" al hacerlo repetidamente, aun cuando no se aplique sobre la misma situación y para recuperarlo se debe dejar pasar un largo periodo sin hacerlo.

Lo anterior no demora su manifestación al llevarnos a vivir un episodio amargo más tarde a dicha situación, con dificultad para controlar la atención, los pensamientos y las emociones, lo que hace que aumenten con ello las probabilidades de agresividad y de desconcentración, de manera que puedes acabar teniendo un día o una noche terrible.

3. Más ansiedad y estrés

Pretender ser lo que no somos es una mentira, que aunque sea insignificante, por una buena causa (mentira piadosa) o de menos sentido sigue siendo una mentira, y estas tienen consecuencia para nuestra salud.

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Al decir mentiras hay manifestaciones físicas de la tensión subconsciente que sentimos. Por más entrenados que estemos en el arte de mentir, nuestro cerebro y por tanto nuestro cuerpo se sigue estresando cada vez que sucede. De allí que la prueba del polígrafo sea tan acertada, cuyo éxito está en la medición que se hace de la respiración, frecuencia de pulso y electricidad en la piel, incluso cambio en el tono de voz, el cual se produce a raíz del apretón que la tensión que tiene el cuerpo hace sobre las cuerdas vocales.

Estudios realizados al respecto han demostrado, que las personas que disminuyeron en número de mentiras que dicen cada día mejoraron su salud. Donde problemas como dolor de cabeza, insomnio, problemas de tensión y dolor de garganta disminuyeron, lo cual probablemente sucede porque se redujo el nivel de estrés, además, dichas personas manifestaron mejora en las relaciones intrapersonales y menos ansiedad.


Todo lo anterior permite ver que nuestra felicidad no puede estar basado en la apariencia y complacencia hacia otras personas, que no podemos ir por allí fingiendo ser lo que no somos porque al final resultaremos mal librados. Si bien para algunas personas eso de fingir parece que se les da de maravilla, como dice el dicho "nadie sabe la prosección que llevan por dentro". Por otro lado, aunque no debemos ir diciendo a diestra y siniestra lo que creemos o sentimos hacia una persona o situación determinada, por algo que se llama prudencia, si debemos pensar en ello como un recurso innecesario en muchos casos y aprender a usarlo solo en casos extremadamente necesarios, porque hacerlo tiene sus consecuencias que no son menos que aumento del estrés y la ansiedad, deterioro en nuestras relaciones, mal humor y pérdida del autocontrol y con ellas serias implicaciones para nuestra salud, tranquilidad y felicidad.



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