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martes, 11 de octubre de 2016

Crítica: ¿Contribuyes o descargas tu frustración?


¿Cuántas de las críticas que hacemos a diario tienen realmente la intención de ayudar? 

La crítica es una palabra de alto poder entre los seres humanos, porque así como puede ser buena puede ser muy destructiva. Piensa en todas las veces que has abierto tu boca para criticar, y lo que has hecho es dejarle ver al otro lo malo que hace, usando tus palabras como una espada que hiere, mientras dejas a tu ego correr al punto más alto y entonar un canto de victoria; eso son borbollones de frustración, rabia y miedo.

Muchas veces esperamos que las personas cambien con nuestra palabras y hacemos críticas dirigidas a eso, pero hasta que no se enfunde la espada y se use el poder mágico de la palabra, al frente se tendrá a un ser enfadado, culpable y a la defensiva, dispuesto a dar la pelea.



Cuando criticas

Es fácil caer en la frustración de no lograr que el otro haga lo que se espera, y así una acción tras otra, un comportamiento, una palabra, etc, van llenando el vaso de la paciencia.

Con frustración no nos comunicamos, solo se usan las palabras para descargar la rabia e impotencia que se siente y para ejercer control sobre el otro. Es innegable que muchas veces, más de las que se creen, se espera que los demás actúen de la forma que nos gusta y no como son.

Cuando te sorprendes diciendo repetitivamente; "otra vez lo mismo", "ahí estás pintado", "siempre es así contigo", "no has podido aprender", "¿No piensas cambiar?", etc., has caído en la mala crítica, esa que va cargada de un alto nivel emocional, que estereotipa, señala y marca mayores diferencias entre quien es el otro y el ideal de cómo debería ser.



El criticado

La crítica en los oídos de quien es objeto de ella, puede sonar como la alarma que despierta el fastidio y la impotencia, poniéndolo en un posición muy lejana de querer cambiar su comportamiento.

Una crítica mal expresada termina en un evidente reproche y un reproche insistente se convierte en cantaleta. Entre más se insiste sobre lo mismo, menos posibilidades hay de que se dé un cambio por parte de la otra persona, al contrario, se zanjan distancias entre sí, se afecta la sana convivencia, se levantan muros de rencor y surge tensión en la relación.

¿Imagina cuál sería tu posición si seguidamente recibieras reproches por las cosas que haces? ¿Si pudieras dejar de recibir esos reproches lo harías? 




¿Y yo como soy?

"Trata a los demás como quieres que te traten a tí" Mateo 7:12
Juzgar es una tarea que se nos da fácilmente, sobretodo cuando estamos llenos de rabia hacia esa persona, diciendo cosas que, si bien no nos gustaría que nos dijeran, al decirlas nos liberan y nos hacen sentir exentos de cometer "el error" juzgado. 

Es importante que antes de lanzarte a desparramar deseos reprimidos, hagas el ejercicio de autocriticarte y poder:
  • Identificar cuáles son los verdaderos sentimientos e intenciones que tienes en ese momento.
  • Reflexiones sobre tu conducta y sus consecuencias.
  • Ver el verdadero valor que tiene para el otro y para tu relación que digas la retahíla que tienes preparada.
  • Reconocer que también te equivocas, que te gusta como eres y no te gusta que te condenen por ello.
Por otro lado, debes saber que independiente de cómo es la otra persona, tus sentimientos son tu responsabilidad, de manera que, no debes cargar a los demás tu frustración, sino a tus creencias.



Crítica y asertividad

Esta bien que digas lo que te gusta o no, pero debes aprender a decirlo, de tal forma que tus palabras puedan ser escuchadas y atendidas, es decir, comunicarte asertivamente, dejando de lado las frustraciones, los odios y la manipulación.

Cuando te comunicas con asertividad:
  • Das tu opinión, sin esperar imponer tu palabra.
  • Pides lo que quieres, no te quedas a esperar que el otro lo adivine.
  • Hablas sin ironía, puedes decir "gracias" y "por favor" en su significado de cordialidad.
  • Centrarse en el presente, sin tener que abrir los cajones de los recuerdos y sacar retazos de situaciones pasadas.
  • Ser concreto y no generalizar.

No vamos a encontrar a nadie igual a nosotros, gracias a la magia de la naturaleza, somos seres únicos, pero también somos seres sociables, de manera que no se trata de criticar para imponer, se trata de co-evaluar, pero sobretodo de entender que en la vida tu realidad no es el único patrón de medida. Cuando se pasa de la crítica al respeto, nos quitamos los guantes y escogemos comunicarnos, se es libre de la frustración de no tener el control.


Ahora tú...
¿Cuánto daño crees que pueden hacer las malas críticas? 

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